martes, 29 de julio de 2014

ISABEL DE SIENTE GORDA!!!

—Deberías dejar de comer tanto, ¡Gorda!
Isabel se echó a llorar, pero continuó comiendo con voracidad (quizás con más ansiedad que antes) el enorme trozo de tarta que casi ocupaba más espacio que el mismo plato. Sus lágrimas mojaban el chocolate y su sabor dulzón se volvía un tanto ácido; como cuando te mojas los labios después de haberte dado un baño en el mar, pensó la niña.
Su cuerpo no era normal, eso le decía Elvira, su niñera. Y cada vez que Isabel se miraba al espejo no se encontraba más que con una figura extraña que se había apoderado de su piel, de sus huesos, de su sonrisa. Esa sensación se acrecentaba con el tiempo: cuanto más crecía, más se alejaba de su cuerpo.
—¡Gorda enormísima! ¡Gordaaaa! —seguía regañándola su niñera. La acción se detuvo o más bien se repitió de forma cíclica durante un rato: una insultando y la otra comiendo cada vez más deprisa. Y habría seguido así por mucho más tiempo si no hubiera irrumpido en escena el padre de la niña.
—¿Qué pasa, Elvira?
—La niña, señor, que no para de comer y no quiere entrar en razones. Le he dicho que los niños no quieren a las niñas gordas, pero, nada. Lo he intentado TODO. Si yo lo digo para ayudarla; porque alguien se lo tiene que decir.
—¿Y qué tiene de malo que esté gorda?
—Que se pondrá cada día más fea, Octavio.
—¡Usted sí que es fea, Elvira! —respondió él, serena pero directamente. Horas más tarde, Isabel supo que Elvira ya no volvería a cuidarla y que vendría en su lugar otra mujer.
Se llamaba Clarisa y era inmensa: su cuerpo medía cuatro veces más que el de su antigua niñera y parecía que iba a hacer estallar la ropa en cualquier momento; eso pensó Isabel cuando la conoció, y se dijo que ella no quería terminar así. Cuando a la noche Clarisa la ayudó a prepararse para irse a dormir, Isabel le preguntó:
—¿Por qué eres… así?
—¿Así cómo?
—G…gorda… A mí también me dicen gorda —intentó justificarse.
—¿Eres gorda?
—Sí, supongo, pero…
—Entonces ¿qué hay de malo en que te llamen así?
—Que no me gusta, no quiero ser fea.
—Eres gorda, no fea, Isabel. Es como las personas que son altas, bajas, rubias o morenas ¿te parecen feas todas ellas? Mira, pequeña, cuanto antes aceptes tu cuerpo, mejor te sentirás. Si cada vez que te dicen gorda te pones mal, justificas que mal usen esa palabra contigo; en cambio, si te apoderas de ella, si entiendes lo bella que suena y lo hermosa que eres, entonces no podrán hacerte daño.
—¿Lo dices en serio?
—¿Lo has intentado?
—No, la verdad es que no…
—Inténtalo. Y sino, la única solución será ponerte a dieta y dejar de ser gorda. Siempre hay soluciones, Isabel: no somos, nos hacemos.
Al día siguiente Isabel se miró al espejo y se sintió finalmente en su cuerpo: un todo armónico que rompía con los paradigmas de la estética. Y lo mejor de todo fue verse a ella, toda ella le devolvía la mirada desde el espejo.

Cuando esa tarde en el colegio unos niños la llamaron gorda, Isabel les dirigió una mirada sonriente y llena de luz que los obligó a pegar media vuelta con la mirada sonrojada. Ése día la niña se sintió a gusto consigo misma y comprendió que las palabras, como las personas, no son, se hacen.

lunes, 28 de julio de 2014

EL MANUAL DE INSTRUCCIONES

Después de comprar una nueva máquina para descascarillar legumbres, la mujer consulto el manual de instrucciones. No lo entendía y al final se rindió, dejando las piezas desparramadas sobre la mesa.
Fue al mercado, y al regresar vio que su empleada había montado el aparato.
“¿Cómo lo has hecho?”, pregunto sorprendida.
“Bueno, como no sé leer, me vi obligada a usar la cabeza”, fue la respuesta.

domingo, 27 de julio de 2014

TIEMPOS DIFICILES

Un hombre vendía naranjas en mitad de la calle. Era analfabeto, de modo que nunca leía los periódicos. Se limitaba a colocar algunos carteles por el camino, y se pasaba el resto del día pregonando el delicioso sabor de su mercancía.
Todos compraban, y con el tiempo el hombre prospero. Con el dinero que ganaba, colocaba mas carteles y así vendía mas fruta. El negocio prosperaba rápidamente cuando su hijo, que era culto y había estudiado en una gran ciudad, lo buscó para hablas con él:
_Pero papá, ¿no sabes que Argentina está pasando momentos difíciles? ¡La economía del país está fatal!
Preocupado, el hombre redujo el número de carteles, y se puso a vender mercancía de calidad inferior, porque era mas barata. Las ventas cayeron en picada.

“Tenía razón mi hijo”, pensó. “Los tiempos están muy difíciles”.

sábado, 26 de julio de 2014

UNA LEYENDA DEL POLO NORTE

Cuenta una leyenda esquimal que, en los albores del mundo no había diferencia entre hombres y animales: todas las criaturas de la Tierra vivían en armonía, y cada una de ellas podían transformarse en otra, con el fin de llegar a entenderla mejor: Los hombres se convertían en peces, los peces se convertían en hombres, y todos hablaban las mismas lenguas.
“En aquella época”, continua la leyenda, “las palabras eran mágicas, y el mundo espiritual repartía generosamente sus bendiciones. Una frase dicha al tuntún podría tener extrañas consecuencias; bastaba pronunciar un deseo para que éste se cumpliera”.
Fue entonces en donde todas las criaturas comenzaron a abusar de ese poder.
Se instalo la confusión, y la sabiduría se perdió.

“Pero la palabra sigue siendo mágica, y la sabiduría todavía concede  el don de hacer milagros a todos los que la respetan”, concluye la leyenda.

viernes, 25 de julio de 2014

DESTRUIR AL PRÓJIMO

Una mujer insistió tanto en que su vecino era un ladrón, que el muchacho acabo preso. Dias después, descubrieron que era inocente; el muchacho fue puesto en libertad y decidió llevar a juicio a la mujer.
-Los comentarios no eran tan graves- dijo ella al juez.
-De acuerdo-  respondió el magistrado-. Hoy, cuando vuelva a casa, escriba todas las cosas malas que dijo del muchacho; después, rompa el papel, y tire los trozos por el camino. Mañana vuelva para oír la sentencia.
La mujer obedeció, y volvió al día siguiente.
-La acusada será absuelta si me entrega los trozos de papel que ayer esparció por el camino. En caso contrario, será condenada a un año de prisión- declaro el magistrado.
-¡Pero eso es imposible! ¡El viento ya se lo habrá llevado todo!
-De la misma manera, un simple comentario puede ser arrastrado por el viento, destruir el honor de un hombre y luego ya es imposible repara el mal que se ha hecho.

Y envió a la mujer a la cárcel.

EL MATADOR DE DRAGONES

Zhungzi, un célebre autor chino, cuenta la historia de Zhu Pingman, quien salió en busca de un maestro para aprender la mejor manera de matar dragones.

El maestro entrenó a Pingman durante diez años seguidos, hasta que éste consiguió desarrollar -a la perfección-la técnica más sofisticada para matar dragones.

Desde entonces, Pingman pasó el resto de su vida buscando dragones, para poder mostrar a todos sus habilidades: para su desilusión, nunca encontró ninguno.


El autor de la historia comenta: "todos nosotros nos preparamos para matar dragones, y terminamos por ser devorados por las hormigas de los detalles, a las que nunca prestamos atención".

EL PAN QUE CAYÓ DEL LADO EQUIVOCADO

Un hombre tomaba distraídamente su desayuno. De repente, la rebanada de pan que acababa de untar con mantequilla se le cayó al suelo.
Cuál no sería su sorpresa al advertir que ¡el lado de la mantequilla se le cayó al suelo! Aquello era un milagro. Animado, les contó a sus amigos el fenómeno y todos se quedaron asombrados pues, como el mundo sabe,  cuando el pan se cae lo hace siempre con el lado de la mantequilla hacia abajo.
- Tal vez seas un santo - le dijo uno -,y estés recibiendo una señal de Dios.
La historia se extendió enseguida por la pequeña población, y todos se pusieron a discutir animadamente el episodio. Como nadie encontraba una explicación convincente, buscaron a un maestro que vivía en los alrededores, y le contaron el acontecimiento.
El maestro pidió una noche para rezar, reflexionar, y pedir inspiración divina. Al día siguiente, todos acudieron a él, ansiosos por escuchar la respuesta.
-La solución es muy sencilla- dijo el maestro- . En realidad, el pan cayó al suelo exactamente con debía caer.

 La mantequilla es la que estaba en el lado equivocado.