martes, 21 de febrero de 2017

Tostadas Quemadas


Cuando era niño, ocasionalmente mi madre como cena nos daba café con leche con muchos agregados. Recuerdo especialmente una noche, cuando ella nos sirvió café con leche, después de un día de trabajo muy duro. Esa noche, mi madre le puso un plato con huevos revueltos, fiambre y tostadas bastantes quemadas frente a mi padre. Recuerdo haber esperado un poco, para ver si papá notaba ese hecho. 

Todo lo que mi padre hizo, fue tomar su tostada, sonreír a mi madre y preguntarme como había sido mi día en la escuela. 

No recuerdo lo que le respondí, pero recuerdo haberlo mirando, untando la torrada con manteca y jalea y comiendo cada bocado. Cuando me levanté de la mesa, aquella noche, escuché a mamá disculpándose por haber quemado las tostadas. Nunca me olvidé de la respuesta de papá "me encantó la tostada quemada". Mas tarde, aquella noche, cuando le fui a dar un beso de buenas noches a papá, le pregunté si realmente le había gustado aquella tostada. El me tomó en sus brazos y me dijo: Compañero, tu madre tuvo un día de trabajo muy pesado y estaba realmente cansada... 

Además de eso, una tostada quemada no le hace mal a nadie. 

La vida está llena de imperfección y las personas no son perfectas. Tampoco soy el mejor marido, el mejor empleado o cocinero, tal vez ni siquiera el mejor padre, aunque intente serlo todos los días. He aprendido a través de los años, que saber aceptar las fallas ajenas, intentando minimizar las diferencias entre unos y otros, es una de las llaves más importantes para crear relaciones saludables y duraderas. 

Desde que tu madre y yo nos unimos, aprendimos los dos a suplir uno las fallas del otro. Yo sé cocinar muy poco, pero aprendí a dejar la olla de aluminio reluciente. Ella no sabe usar la perforadora, pero después de mis arreglos, ella hace que todo quede limpio y perfumado. Yo no sé hacer una lasagna como ella lo hace, pero ella no sabe asar una carne como yo lo hago. Yo nunca supe hacerte dormir, pero conmigo tu tomas un baño rápido y sin reclamar La suma de nosotros crea el mundo que te recibió y te apoya, ella y yo nos complementamos. Nuestra familia debe aprovechar este nuestro universo mientras estemos los dos presentes. No es verdad que mas tarde, el día que uno de los dos parta, este mundo se va a desmoronar, de ninguna manera. Nuevamente tendremos que aprender a adaptarnos para hacer lo mejor. 

De hecho, podríamos extender esta lección para cualquier tipo de relaciones, entre marido y mujer, entre padre e hijos, entre hermanos, entre colegas, con amigos y también en el ambiente profesional. Entonces hijo, esfuérzate para ser siempre tolerante, principalmente con quien dedica su precioso tiempo de vida a ti y al prójimo Las personas se olvidarán de lo que le hagas, o de lo que le digas. Pero nunca se olvidarán el modo en el cual las hiciste sentir. 

Autor desconocido

miércoles, 19 de octubre de 2016

UNA LECCIÓN DE VIDA


Serafín era un viejo mendigo que deambulaba por las calles de la ciudad.  A su lado, su fiel escudero, un perro callejero que entendía por el nombre de Moteado. 
Serafín no pedía dinero.
Aceptaba siempre un pan, un plátano, un pedazo de torta o un almuerzo hecho con las sobras de comida de los más ricos.
Cuando su ropa ya no daba para más, siempre era socorrido por algún alma caritativa.  Cambiaba su apariencia y era el blanco de las bromas.
Serafín era conocido como un hombre bueno, que había perdido la razón, la familia, los amigos e incluso la identidad.
No bebía bebida alcohólica, estaba siempre tranquilo, incluso cuando no había recibido ni un poco de comida.
Decía siempre que Dios le daría un poco en la hora precisa, y siempre en la hora que Dios determinaba, alguien le regalaba una porción de alimentos. 

Serafín agradecía con reverencia y oraba a Dios por la persona que lo ayudaba.
De todo lo que le daban o encontraba, le daba primero a Moteado  que paciente, comía y se quedaba esperando por un poquito más.
No tenían donde dormir; en donde anocheciera, ahí dormían. Cuando llovía, buscaban abrigo debajo del puente, y ahí el mendigo quedaba meditando con la mirada perdida en el horizonte.
Aquella figura me dejaba siempre pensativo, pues yo no entendía aquella vida vegetativa, sin progreso, sin esperanza y sin un futuro prometedor.
Cierto día, con la disculpa de ofrecerle unos plátanos fui a conversar un poco con el viejo Serafín.
Inicié la conversación hablando de Moteado, le pregunté qué edad tenia el perro, cosa que Serafín no sabía. Decía no tener idea, pues se encontraron un día cuando ambos andaban por las calles y me dijo:
Nuestra amistad comenzó con un pedazo de pan.  El parecía estar hambriento, yo le ofrecí un poco de mi almuerzo y él lo agradeció moviendo el rabo.  Desde entonces no me ha abandonado.  El me ayuda mucho y yo le retribuyo esa ayuda siempre que puedo.
Curioso, pregunté:
¿Como se ayudan ustedes?.
El me vigila cuando estoy durmiendo; nadie puede acercarse, porque él ladra y ataca. También cuando él duerme, yo quedo vigilando para que otro perro no lo incomode.
Continuando la conversación, pregunté:
Serafin, ¿usted tiene algún deseo en la vida?.
, respondió él – tengo deseos de comer un perrito caliente, de aquéllos que Teresa vende allí en la esquina.
- ¿Sólo eso? - le dije.
Sí, en este momento es sólo eso lo que deseo.
-   Pues bien, voy a satisfacer ahora ese gran deseo.
Salí y compré un perrito caliente para Serafín.  Regresé y se lo entregué. El abrió sus ojos, me dio una sonrisa, agradeció el regalo y enseguida sacó la salchicha, se la dio a Moteado y él se comió el pan con el aderezo.
No entendí aquel gesto del mendigo, pues imaginaba que la salchicha era el mejor pedazo.
No me contuve y le pregunté intrigado:
¿Por qué usted le dio a Moteado la salchicha?.
El con la boca llena respondió:
Para el mejor amigo, ¡el mejor pedazo!.
Y continuó comiendo, alegre y satisfecho.
Me despedí de Serafin, pasé la mano por la cabeza de Moteado y salí pensando...
Aprendí que es bueno tener amigos. Personas en quien podamos confiar. 
Por otro lado, es bueno ser amigo de alguien y tener la satisfacción de ser reconocido como tal.
Jamás olvidaré la sabiduria de aquel hermitaño: "PARA EL MEJOR AMIGO, ¡EL MEJOR PEDAZO!“.
 Autoria: Innocêncio de Jesus Viégas
Traduccion: Neny Garcia

martes, 26 de abril de 2016

La brujita enamorada y dragón obstinado

Hace mucho tiempo, pero mucho tiempo atrás, una linda Brujita paseaba por los hermosos y verdes campos de una pradera, pero ella era una Brujita buena, ella ayudaba a florecer las praderas, las cuales se vestían de flores amarillas y rojas… era todo tan hermoso, los pajaritos cantaban con ella y le gustaba pintar paisajes, los imaginaba, los pintaba y los hacía realidad.

Caminó mucho ese día y llegó al límite de la pradera y se encontró con una montaña que nunca había visto. Pero la curiosidad era muy grande y se acercó más. Al pie de la montaña había una cueva y decidió entrar ¡pero qué susto tan grande! Adentro había un gran Dragón dormido. La Brujita se asustó mucho y decidió huir de la cueva pero al tratar de salir tropezó la enorme cola del Dragón quien se despertó de mal humor y preguntó: -¿Por qué me despiertas? Mientras bostezaba.
La Brujita aun asustada se disculpó mientras observaba al Dragón huraño, era de un color oscuro y tenía muchas cicatrices. La Brujita comprendió que tal vez su obstinación era producto de muchas batallas con otros Dragones. – Bueno señor Dragón lamento haberlo molestado.
-Tranquila jovencita- y le ofreció una taza de café. – Gracias señor Dragón, pero prefiero un té de flores de manzanilla y el Dragón enojado al ser rechazado un grito le ha lanzado:
- ¡Brujita insolente has rechazado mi café caliente! Y se puso morado.
La Brujita se asustó y a su casita corrió. ¡Susto grande ha recibido y olvidó que no ha comido!
La Brujita durmió en una cama de nubes de algodón con olor a rosas, tan tibia y suave. El sol la despertó y corriendo se aseó, se dio un rico baño con flores de manzanilla, desayunó y pensó: -Si voy a la cueva a tratar de ayudar al Dragón obstinado… Bueno, nada pierdo… y salió.
Al llegar a la cueva el Dragón nuevamente ofreció café a la Brujita y esta vez ella aceptó para evitar el horrible gruñido ensordecedor. Todas las mañanas lo visitaba y con suavidad le hablaba. Pero una idea cruzó por la mente de la Brujita: transformar al Dragón en un Príncipe… era una idea un poco descabellada, pero se atrevió y en Príncipe lo convirtió, una a una sus heridas desapareció. El hermoso Príncipe sus manitos tomó y un besito en la mejilla le estampó… así pasaron los meses y el Príncipe aprendió, los buenos modales, cariño, afecto, respeto y hasta los gritos dejó (bueno, solo gritaba para llamar a la Brujita para que se tomara el té).
Brujita y Príncipe se hicieron buenos amigos. ¡Él tomaba café y ella tomaba té! Pasaron muchas lunas, muchos soles y de amistades a amores, este par nos dio lecciones. Se realizó el casamiento, ha pasado mucho tiempo ¡y de gruñir se olvidó el que antes era Dragón!


Moraleja: las personas pueden cambiar su actitud con un poco de afecto, tolerancia y comprensión. Ayudemos a sonreír a quien lo necesite, así habrán menos “Dragones obstinados” en cuevas solitarias.

lunes, 21 de diciembre de 2015

Un Sueño de Navidad

La noche tenía un Cielo brillante. Las estrellas habían salido en alegres grupos para iluminarlo y advertir y precisar ante los habitantes de la tierra que era la víspera de la Navidad, por lo que nadie podía tener amarguras, ni peleas, ni guerras. Se acercaba el Nacimiento de Jesús, la mejor noticia que el Mundo iba a recibir por los siglos de los siglos.
Era, en cierta forma, el mensaje de paz que la Madre Naturaleza lanzaba, en una estación invernal, a un mundo convulsionado por las guerras, por los espíritus belicosos, por los hombres que habían olvidado que muy jóvenes, desde su nacimiento, habían creado un núcleo denominado Familia, que con el paso de los años se estaba desintegrando, con lo cual los grandes valores morales y éticos, dolorosamente, se escabullían.
También ese Cielo tan preciosamente iluminado quería despertar la conciencia de tántos y tántos jóvenes -hombres y mujeres- sumidos en la más tremenda oscuridad porque una vez, pese a las numerosas advertencias, ingresaron en el mundo de las drogas. Y a muchísimos les costaba salir luego de ellas. Y, generalmente, pasaban a convertirse en delincuentes porque su adicción les obligaba a matar o a robar.
El Cielo quería con esa luminosidad indicar el camino para quienes son causantes de las grandes epidemias que, como el Sida, van extendiéndose por el mundo, y señalarles que, con mínimas precauciones, podían evitar su propagación y no seguir siendo la causa de miles y miles de muertes.
Quería también el Cielo, rodeado de estrellas que se mantenían firmes y no eran fugaces, dar una luz de esperanza para millones de personas víctimas del racismo y la xenofobia, por el color de su piel, por su procedencia, por su condición ecónomica débil, para que tuvieran un hálito de paz y pensaran que un día no muy lejano serían bien recibidos y desaparecerían todas las persecuciones, los malos y despectivos tratos, las mofas y podrían trabajar y establecerse en países que no eran los suyos para ayudar a crear riquezas y poder subsistir decorosamente.

La víspera del Nacimiento del Niño Dios, un Cielo tan resplandeciente, pretendía indicar que todas las religiones eran igualmente respetables y que en nombre de ninguna de ellas se podía incitar al crimen, al terrorismo, a la violencia porque, precisamente Dios, creó al mundo para que la gente se entendiese mediante la palabra.
Desde miles de kilómetros de distancia, el Cielo ofrecía a la vista un hermoso panorama, como queriendo decir que iban a desaparecer las desigualdades sociales; que los hombres y mujeres de buena voluntad contarían con los recursos  indispensables para su supervivencia y que la pobreza y la miseria pasarían a ser elementos de un lejano pasado. Así se conseguiría que la felicidad fuera la norma general , que ya nadie pasaría hambre, que todos contarían con una vivienda digna, con eficientes sistemas de salud y de educación, sin prejuicios sociales ni discriminaciones.
En fin, ese conglomerado de estrellas no se había asomado al Cielo para darle un simple colorido. No. En cada uno de sus reflejos luminosos traía un mensaje específico para que se acabaran las guerras; para que la familia volviera a ser ese gran núcleo compacto donde predominase el diálogo, como símbolo de unidad; para que desapareciesen las pandemias, causantes de tántas muertes; para que no hubiese nunca más las drogas malignas y se eliminaran para siempre las redes de narcotraficantes; para que el blanco, el negro, el amarillo y todas las razas convivieran pacíficamente ayudándose unas a otras; para que todas las religiones se uniesen en un sólo objetivo de ser auténticas guías espirituales y, en su nombre, no volviesen a aparecer vientos bélicos; para que en todo el mundo las divergencias, las diferencias entre los seres humanos encontraran la solución mediante el diálogo.
Todo esto lo soñé con una extrema felicidad, con el orgullo de pertenecer a una raza humana que había encontrado, sin vacilaciones, por fin, el camino amplio de la confraternización; el Cielo parecía decirme: "goza bien de esta noche, que a lo mejor nunca se repetirá. Pero cuando despiertes trata de convertirte en una adalid de las buenas y nobles causas. Debes formar causa común con tu familia, con tus amigos, para que todos, como una sóla persona, procuren hacer el bien".
Pero, desafortunadamente todo era un sueño. Tuve que despertar y encontrarme con la realidad, con esa cruda realidad, que muchas veces, con gesto dolorido, remueve las entrañas ante tántos hechos dolorosos, tristes, injustos y amargos que se viven a diario Durante la noche la lluvia y la nieve se habían entremezclado y el Cielo había estado permanentemente a oscuras. Mi mente había ideado un mundo digno. Un mundo construido para el ser humano. Un mundo, sin embargo, destruido por el propio ser humano, debido a su egoísmo, a no saber alejar de su corazón las malas obras y la cizaña y por tener abierta su mente y su pensamiento para el mal cerrándole todas sus puertas al bien.

martes, 5 de mayo de 2015

Los Zapatos de la Esquina

Bob era un muchacho demasiado rebelde y agitador, todos los profesores se quejaban de el, de sus palabras y conducta. Todos los días tenia que cumplir horas en detención por las cosas malas que hacía y lo peor de todo: Bob era un bully, un chico al que le encantaba burlarse de otros, hacer bromas de mal gusto e inclusive algunas veces golpear a otros compañeros que eran indefensos. Sus padres atribuían su mala conducta al colegio, los maestros se la atribuían a sus padres, a Bob le daba lo mismo, disfrutaba burlarse de los demás en todo momento, tiraba las charolas de las manos de los alumnos, les ponía la zancadilla cada que podía, se burlaba de su forma de vestir e incluso de enfermedades que pudieran tener. Era una persona de muy mal corazón. 
Caminando hacia su casa, después de salir de una detención un par de zapatos en una esquina llamaron su atención, no eran los más espectaculares que había visto en su vida, pero ¿qué importaba? Estaban abandonados en la calle, parecían nuevos y según su pensamiento, quien encuentra algo se lo queda. Al llegar a su casa decidió ponérselos para ir al cole en la mañana, no veía la hora de poder lanzar una patada o ponerle la zancadilla a alguien con sus nuevos zapatos. El sol anunció la llegada de la mañana, Bob, muy entusiasmado se calzo los zapatos, le sorprendió mucho que fueran de su talla, eran perfectos. Bajo a desayunar sintiendo mucha emoción y se dirigió al cole. En el camino pudo sentir sus piernas temblando de la emoción, lo que le satisfacía en gran medida. A más de medio camino el temblor en sus piernas comenzaba a ser más notorio e incontrolable, como acto de magia sus pies se movieron de una forma divertida y apresurada. Cuando llegó a su salón de clases los alumnos no pudieron resistir una carcajada pues bailaba incontrolablemente y resultaba un espectáculo realmente gracioso. Con cada hora que pasaba sus pies se movían más y más pasando de bailar polka a Flamenco en minutos, en cada salón que visitaba sus compañeros estallaban en carcajadas por sus graciosos movimientos.
La noche llegó, Bob se sentía muy mal, por fin había vivido en carne propia lo que significaba ser el sujeto de burla y no le gustó, al llegar a su habitación comenzó a llorar arrepintiéndose de todas las cosas malas que había hecho en contra de sus compañeros, para su sorpresa los zapatos fueron desapareciendo poco a poco y sus piernas comenzaron a responderle. Muy feliz con esto y aprendiendo su lección, decidió pedir disculpas a todos sus compañeros y profesores. Nunca se pregunto el origen de los zapatos, para el no más relevante que el hecho de haber cambiado como persona, ahora era un joven completamente diferente, se preocupaba por los demás y ayudaba de corazón a otras personas. Todo gracias a los zapatos de la esquina… ¿Quién sabe? Si hay un bully molestando quizás los zapatos aparezcan cuando menos se lo espere.

viernes, 20 de marzo de 2015

La luz de tu corazón

Había una vez una niña llamada Lulú que le tenía miedo a la oscuridad.
Todas las noches llamaba a su mamá para que la acompañara, y su mamá se trasnochaba para que ella estuviera tranquila.
Un día le dijo.
- Hijita, por qué me llamas tanto, sabes que tengo sueño y despertarme todas las noches me pone de mal humor.
- Lo que pasa es que tengo mucho miedo mamá.
- A qué le temes, le preguntó su madre intrigada.
- A la oscuridad, le dijo Lulú.
Pues no debes de temer. Sabes, tu tienes una luz interna muy poderosa y está justo en el medio de tu corazón. Esa luz es producto de todo el amor que sientes, por mi, por tu papi y tu hermana. Si piensas en esa luz, ya nunca más sentirás temor.

Lulú vio mucha luz en su habitación a media noche y se puso feliz al saber que la luz de su corazón alumbraría su vida para siempre.

lunes, 10 de noviembre de 2014

EL HELECHO Y EL BAMBÚ


Un día decidí darme por vencido…renuncié a mi trabajo, a mi relación, a mi vida. Fui al bosque para hablar con un anciano que decían era muy sabio.
-¿Podría darme una buena razón para no darme por vencido? Le pregunté.
-Mira a tu alrededor, me respondió, ¿ves el helecho y el bambú?
-Sí, respondí.
-Cuando sembré las semillas del helecho y el bambú, las cuidé muy bien. El helecho rápidamente creció. Su verde brillante cubría el suelo. Pero nada salió de la semilla de bambú. Sin embargo no renuncié al bambú.
-En el segundo año el helecho creció más brillante y abundante y nuevamente, nada creció de la semilla de bambú. Pero no renuncié al bambú.
-En el tercer año, aún nada brotó de la semilla de bambú. Pero no renuncié al bambú.
-En el cuarto año, nuevamente, nada salió de la semilla de bambú. Pero no renuncié al bambú.
-En el quinto año un pequeño brote de bambú se asomó en la tierra. En comparación con el helecho era aparentemente muy pequeño e insignificante.
-El sexto año, el bambú creció más de 20 metros de altura. Se había pasado cinco años echando raíces que lo sostuvieran. Aquellas raíces lo hicieron fuerte y le dieron lo que necesitaba para sobrevivir.
-¿Sabías que todo este tiempo que has estado luchando, realmente has estado echando raíces? Le dijo el anciano y continuó…
-El bambú tiene un propósito diferente al del helecho, sin embargo, ambos son necesarios y hacen del bosque un lugar hermoso.
-Nunca te arrepientas de un día en tu vida. Los buenos días te dan felicidad. Los malos días te dan experiencia. Ambos son esenciales para la vida, le dijo el anciano y continuó…
-La felicidad te mantiene dulce. Los intentos te mantienen fuerte. Las penas te mantienen humano. Las caídas te mantienen humilde. El éxito te mantiene brillante…

Si no consigues lo que anhelas, no desesperes… quizá sólo estés echando raíces…