miércoles, 26 de julio de 2017

Madre Nieve por Cristina Martínez

El cuento nos conduce al reino de las imágenes creativas de las que recibimos fuerzas que renuevan nuestra alma.
  



Dicen que los cuentos son asuntos de niños y que el adulto sólo se limita a ser relator. Sin embargo, como ser humano, que somos portamos en nuestro interior, como energía, todos los personajes que en ellos aparecen.
Tenemos  rey en nosotros, que ordena, rige el que juzga y sabe discernir entre lo bueno y  lo malo. Aspiramos  ser sobornados de nosotros mismos y protectores de nuestro "reino".
Los más nobles sentimientos es la reina que abraza y llena de calidez nuestra alma, y a la vez la que puede concebir nuevos impulsos de jóvenes príncipes hacia metas elevadas?
Habitan en nosotros interiores que quieran impedir que se lleven a cabo nuestras metas. Hay brujas malas que nos convierten en piedras y secuestran  nuestras fuerzas del alma más tiernas, nuestras princesitas, encerrándolas en una cueva subterránea, quedando así insensibles como rocas, endurecidas por el materialismo, sin poder actuar o encerrados, bajo presiones exteriores.
Hay hechiceras  que nos transforman en águila para que no pisemos la tierra y nos sintamos superiores a los demás, quedando encadenados, al aire.
Nuestro intelecto sexo será ese malvado enano que trata de robar todas nuestras riquezas en oro, perlas y piedras preciosas, haciéndonos creer que somos sólo máquinas con su centro de control en el cerebro.
La  luchar, es continua para que el rey sea sano y fuerte, poniendo a cada una de las fuerzas desestabilizadoras en su lugar, dominándolas y venciéndolas, pues se le corta la cabeza y crece de nuevo.
En cada cuento aparece un aspecto distinto, colores diferentes y claves secretas de cómo salir a salvo y victorioso concluyendo en paz y armonía.
Si toda esta maravillosa gama de imágenes son dadas durante la infancia a nuestros hijos o alumnos, podemos estar seguros que plantamos el germen más valioso en el alma del hombre. Serán jóvenes son grandes ideales, con nobles sentimientos y tendrán la capacidad de afrontar sin temor las encrucijadas de la vida.

Sabrán que la espalda del espíritu es la mejor arma contra el peor adversario, que tras un oscuro y tupido bosque hay un claro lleno de luz. Que no está solo, que cuanto más difícil sea la situación aparecerá, como por encanto, una mano amiga que le ayudará que le dará el arma necesaria, si sabe escuchar amablemente la palabra justa de un enano o un viejecito. También se puede  encontrar con un espejo que refleje su imagen verdadera, o con una llave de oro que abre, lo hasta ese momento oculto o, un nuevo camino...
Sabrá como apreciar al león en sí para llegar al reino del alma, y que al final de los caminos se unirá a su "otra mitad" para reinar con toda felicidad.
Cuando se termine el camino de la vida va a entrar conscientemente en el reino de Madre nieve.
Madre nieve
Tenía una viuda dos hijas, una de ellas era hermosa y diligente, la otra perezosa y fea, pero quería mucho más a la fea y perezosa  porque , en verdad, era su hija.
Mientras, la otra tenía que hacer todo el trabajo de la casa y era la cenicienta de la casa. La pobre muchacha debía sentarse todos los días junto al pozo, en la carretera, e hilar tanto que la sangre brotaba de sus dedos.
Y sucedió una vez que el huso se llenó de sangre y ella se inclinó en el pozo queriendo lavarlo, pero el huso se llenó de sangre y ella se inclinó en el pozo queriendo lavarlo, pero el huso saltó de sus manos y cayó al agua.
Llorando, la niña corrió a contarle a su madrastra la desgracia, pero esta respondió ásperamente, y sin piedad dijo: -Si has dejado caer el huso, irás a sacarlo!.
Volvió la muchacha al pozo sin saber qué hacer, y con el corazón lleno de angustia saltó dentro en busca del huso. Perdió el sentido y al despertar y volver en sí, vio que estaba en un hermoso prado bañado de sol y había miles de flores. Caminando por el prado, llegó hasta un horno lleno de pan, y gritó: -¡Ay, sácame! ¡Sácame que me quemo" Ya hace tiempo que estoy cocido.
La niña se acercó y, con  la pala, sacó todas las hogazas, una tras otra.
Siguió su camino y llegó a un árbol cargado de manzanas, y éste le gritó: -¡Ay, sacúdeme, sacúdeme! Las manzanas ya estamos maduras.
La niña sacudió el árbol, cayendo una lluvia de manzanos y siguió sacudiéndolo hasta que no quedó ninguna más, cuando las hubo reunido un montón, siguió su camino. Finalmente llegó a una pequeña casa, en la ventana, una anciana miraba hacia afuera, pero como tenía sientes muy grandes la niña se asustó y quiso huir: La anciana la llamó diciendo:
-¿Qué es lo que temes, querida niña? Quédate conmigo y si haces ordenadamente el trabajo de la casa, te irá bien. Sólo tienes que cuidar de hacer bien mi cama y sacudirla con diligencia, para que vuelven las plumas. Yo soy madre nieve. Y cuando la anciana le habló con cariño, se animó su corazón y aceptó entrar a su servicio. Procura que la anciana estuviera satisfecha de todo y sacudía siempre su cama con vigor, para que las plumas volaran como copos de nieve. Disfrutaba también, de una buena vida junto a la anciana, no tenía que oír ninguna palabra dura y todos los días comía guiso y asado.
Así vivió un tiempo con Madre Nieve, hasta que comenzó a sentir tristeza, sin saber, al      principio qué le estaba pasando.
Al fin, se dió cuenta que sentía nostalgia de su hogar y aunque allí estaba mi veces mejor que en su casa, tenía deseos de volver.
Finalmente dijo: -Siento nostalgia de mi casa y aunque estoy tan bien aquí, no puedo quedarme más, debo subir con los míos.
Madre Nieve respondió: -Me agrada que desees volver a tu casa y como me has servido fielmente, yo misma te acompañaré-.
Y tomándola de la mano la condujo hasta un portal muy grande. El portal se abrió y al pasar la muchacha, cayó sobre ella una copiosa lluvia de oro. Y el oro quedó adherido a ella, tanto, que estaba cubierta de él.
-Esto es para tí, porque has sido diligente- Dijo Madre Nieve, dándole también el huso que había caído al pozo.
Se cerró, después, el portal y la muchacha se encontró arriba, en el mundo, no muy lejos de la casa de su madre. Y cuando llegó al patio, el gallo que estaba sobre el pozo gritó: -Quiquiriquí, nuestra doncella de oro está de vuelta aquí!
Entró a donde estaba su madre y al ver que venía cubierta de oro, fue bien recibida por ella y su hermana.
La muchacha contó lo que había sucedido y oyendo cómo había logrado tanta riqueza, la madre quiso procurar a la otra, su fea y perezosa hija, la misma suerte. Esta debía sentarse, también, junto al pozo y para que el huso se llenara de sangre, se pinchó los dedos y apoyó la mano contra un espino. Y tirando el huso al pozo, saltó ella mientras después. Llegó, igual que la otra, al hermoso prado y siguió la misma senda. Al pasar junto al horno gritó el pan nuevamente:
-Ay, sácame, sácame que me quemo! Ya hace tiempo que estoy cocido.
La perezosa contestó: -Crees que quiero ensuciarme?- y siguió caminando.
Poco después llegó a donde estaba el manzano, que gritó: -Ay sacúdeme, sacúdeme!, las manzanas ya estamos maduras.- Pero ella contestó: -¡Me guardaré bien! ¿Y si alguna cayera en la cabeza? Y siguió su camino. Al llegar a la casa de Madre nieve no tuvo miedo, porque ya había oído hablar de sus grandes dientes y enseguida se quedó a su servicio. El primer día se esforzó, fue diligente y obedeció a Madre Nieve en todo lo que decía, pues pensaba en todo el oro que iba a regalarle, pero al segundo día ya empezó a haraganear y al tercero todavía más. Ya ni siquiera quería levantarse, tampoco hacía la cama de Madre Nieve como debía, ni la sacudía para que volara las plumas. Pronto, Madre Nieve se cansó y la despidió. Satisfecha. La perezosa creyó que había llegado el momento de la lluvia de oro. Madre Nieve la condujo también, hasta el portal pero, al pasar, en un lugar de oro se vertió sobre ella un gran caldero lleno de pez, una sustancia negra y pegajosa.
-Esta es la recompensa por tus servicio-  dijo Madre Nieve y cerró el portal.
Llegó pues la perezosa a su casa y el gallo sobre el pozo, al verla gritó:
-Quiquiriquí, nuestra sucia doncella ya está de vuelva aquí!
Y el pez firmemente adherido a ella y no se la pudo quitar en toda su vida.
Pero podemos dejar un enseñanza positiva, en que terminaría de la siguiente forma:
"...Y creemos que por vivir junto a su hermana dorada, se fue transformando poco a poco hasta brillar como ella".
Al entrar en la imágenes de este cuento, nos encontramos en un ámbito femenino, una madrasta viuda y dos hijas, una verdadera y la otra del matrimonio anterior.
Primero se dice que es viuda, un alma sin yo espiritual, él murió y se elevó a su reino de origen y ella está ocupando el lugar de la "verdadera madre" para la otra hija. Entonces ella se inclina más hacia lo matrial-sensible,  no soportando lo anímico-espiritual. Su hija le pertenece y la quiere porque es de su misma naturaleza, mientras que la otra tiene más cualidades de sus verdaderos padres y es por eso que tiene que trabajar en el interior de la casa como cenicienta, ellas no pueden ni quieren. El trabajo de cenicienta consiste en mantener el fuego interior para que no se apague, elaborar el alimento con todo lo recibido del exterior, transformar lo muerto en germen espiritual quemando la lea a través del fuego purificador, y su propio trabajo la tiene que hacer afuera, pero ella se ubica al lado de lo profundo", el pozo. Necesita tanta fuerza de concentración que comienzan a sangrarle los dedos y queriendo lavar el huso cae a lo profundo y se rompe el hilo de la vida. Tiene que lazarse y sumergirse en el oscuro pozo para recuperarlo. Pero lo tendrá otra vez cuando vuelva de su experiencia en el más allá.
Hay muchas descripciones de personas que traspasaron el umbral de la muerte por algunos segundos y luego volvieron, relatan algunos que se encontraron un túnel oscuro y al final llegaron a una luz apacible y a la vez muy intensa.
Este es el paso por el pozo y el llegar a la luz el prado bañado en sol, lleno de fuerzas vitales donde se comienza un camino con encuentros muy especiales. Se podría decir que tanto el pan como las manzanas son frutos terrenales y a la vez sagrados. Es necesaria la mano del hombre para llegar a su fin, así como la acción de la naturaleza, de los elementos y de las fuerzas del universo.
En este ámbito se nos pide estar alertas para sacar los frutos ya maduros para que no se malogren. Son el fruto de nuestro conocimiento espiritual adquirido por nuestro trabajo interior en la tierra, y ahí tiene que quedar a disposición de los que hacen el camino de vuelta. ¿No se dice que todo niño, al nacer, trae un pan debajo del brazo?. Luego viene el encuentro con Madre Nieve, un ser que asusta al comienzo por sus grandes dientes, símbolo del ser que condensa todo lo vivido en la tierra, pero que con voz cariñosa nos dice como hay que seguir trabajando, para que pueda caer sobre la tierra todo el calor anímico que mantiene las plumas, cristalizándose y transformando en copos de nieve.  Forman capa protectora para que el frío exterior no hiele las semillas que empiezan a germinar en su seno. Hay que trabajar como ahínco para sentirse bien allá y recibir el alimento necesario.
El alma empieza a sentirá añoranza por la tierra y querer volver con los suyos. Madre Nieve la acompañaba en este proceso hasta el umbral, y al pasar por él, le llueve el oro de la sabiduría para la nueva vida que emprende al recibir el huso.
Gracias al oro es bien recibida, quedando deslumbradas por su brillo.
Ahora, la parte oscuro del alma quiere brillar también. Empieza su camino, pero provocando los sucesos, haciéndose sangrar y tirándose al pozo para conseguir oro. Y eso es lo que la mueve todo su camino sin percibir nada, ni querer percibirlo, no quiere ensuciarse.
Y empiezan las pruebas: reconocer los valores de los frutos del conocimiento y del trabajo, justo en el momento en que llega a su madurez, para dejarlos como ofrenda.
No se asusta al ver a Madre Nieve, pues sabía de sus dientes. Pero el deseo no es lo más importante en aquel reino. Hay que actuar y bien. Mas el que no está habituado a trabajar pensando que lo hace para los demás, no es un pago a cambio de lo trabajado, sino un recibir lo que necesita para vivir, entonces se cansa pronto, no encuentra sentido a su esfuerzo que sólo piensa en la retribución.
Y así vuelve a la tierra, negra y pegajosa como la pez.
El gallo en la entrada de la tierra las recibe cantando la verdadera naturaleza de ella, el ser puro, el yo terrenal, el primer llanto al nacer.
Si podemos mirar a estas dos niñas como la parte luminosa y oscura de nuestra propia alma, se puede encender la esperanza de que la oscura, gracias al brillo dorado y calidez de su hermana vaya derritiendo la pez e iluminándose poco a poco, vida tras vida hasta llegar a ser una unidad que irradia hacia la humanidad.
Y así terminará el cuento, relato, a niños pequeños: "...Y creemos que por vivir junto a su hermana dorada, se fue transformando poco a poco hasta brillar como ella".







miércoles, 31 de mayo de 2017


Sigue Adelante


Ferruccio era originalmente un agricultor que tenía conocimientos de mecánica. Para mejorar sus cultivos ideó fabricar mejores tractores. 

Creó una empresa de tractores a la que finalmente dedicó todos sus esfuerzos. 

Finalmente, su negocio tuvo tanto éxito que fue uno de los hombres más ricos de Italia. 

Con su fortuna se dio caprichos que antes no podía. Incluso se llegó a comprar un Ferrari último modelo. 

Sin embargo el Ferrari del que era propietario le empezó a dar problemas en su funcionamiento. 

Al ser él mismo un buen mecánico trató de solucionar el problema por su cuenta. 

Descubrió que su Ferrari tenía el mismo embrague utilizado en uno de sus tractores que fabricaba. 

Como es lógico Ferruccio se llenó de rabia porque entendía que un modelo deportivo como el Ferrari necesitaba piezas de mayor calidad que las que monta un modesto tractor agrícola. 

Ni corto ni perezoso se dirigió a la sede central de Ferrari en Módena para quejarse de la baja calidad de un componente tan importante en un deportivo. 

Enzo Ferrari, dueño de Ferrari, no lo trató de buena manera  y afirmó que el problema era debido al agricultor Ferruccio y no debido al precioso automóvil que fabricaba. 

Ferruccio se sintió insultado. 

Tanto fue su impotencia y rabia al ser tratado tan injustamente que se comprometió a hacer un coche digno de superar a un Ferrari. 

Sus esfuerzos se tradujeron en la creación y desarrolló de uno de los automóviles más potentes y renombrados que compite con los últimos modelos de Ferrari hoy en día. 

Por cierto, ¿te he dicho cuál es el nombre completo Ferruccio? 

Se llamaba Ferruccio Lamborghini. 

Cuando el mundo te diga “NO” o que “Tú No Puedes”, recuerda a Ferruccio Lamborghini, llénate de fuerzas, sonríe y sigue adelante.

La lechera soñadora


Una lechera llevaba en la cabeza un cubo de leche recién ordeñada y caminaba soñando despierta. 

Pensaba: 

Esta leche dará mucha nata, la cual batiré hasta convertirla en una mantequilla que me pagarán muy bien en el mercado. 

Con el dinero me compraré un canasto de huevos y pronto tendré pollitos. 

Cuando crezcan los venderé a buen precio, y con el dinero me compraré un vestido nuevo. 

Me lo pondré el día de la fiesta mayor, y el hijo del molinero querrá bailar conmigo. Pero no voy a decirle que sí a la primera. Esperaré a que me lo pida varias veces y, al principio, le diré no con la cabeza”. 

La lechera comenzó a menear la cabeza para decir que no, y entonces el cubo de leche cayó al suelo y la lechera se quedó con nada. 

Lección: 

Muchas veces las personas “pecan” por soñadoras. 

Es decir, se imaginan todo lo que podrán hacer… una vez que tengan dinero, cuando consigan sus primeras ventas, sus primeros clientes, etc. 

Un verdadero emprendedor sueña, pero tiene los pies en la tierra, y sabe que para lograr lo que siempre ha querido tiene que actuar… y actuar ahora. 

¿Sueñas con ser feliz?… 

¡Entonces actúa ahora mismo!

martes, 30 de mayo de 2017

Las mentiras tienen patas cortas
A mi padre le regalaron una armónica cuando tenía 15 años. Él nunca aprendió a tocarla. En su casa estaba lleno de libros en francés y alemán; pero él jamás balbuceó una sola palabra en otro idioma. Sin embargo, me decía que hablaba esos idiomas a la perfección y que de niño era el mejor de su clase con ese instrumento.
Cuando yo tenía 10 años le pedí que me enseñara a tocar la armónica. Me miró con los ojos apagados y presa de la vergüenza y me confesó que no sabía tocarla.
Desde entonces sólo una pregunta se aloja en mi mente cada vez que pienso en mi padre. ¿Por qué había estado mintiéndome todo ese tiempo? Hace unas semanas me lo contó todo.
Cuando mi padre era chico su madre le decía que ella sabía muchísimas cosas que él no tenía ni siquiera idea de que existían; cuando él le preguntó, siendo ya mayor, por qué le había mentido, su respuesta fue clara: “el poder lo inventamos y lo mantenemos forzando las palabras, llevando al límite el sentido de la verdad“. Y él agrego: “Es decir, creando una realidad donde hagamos ciertas aquéllas cosas que en el fondo de nuestra alma sabemos que no lo son”.
Esta tarde, mi hija de 7 años ha visto la armónica que guardo en uno de los cajones de mi escritorio y me ha pedido que le toque una canción; mientras lo hacía pensaba en mi padre: en lo mucho que se había perdido por no aprender a tocar ese instrumento bellísimo y, sobre todo, por haberme mentido.

Hace muchos años que no lo veo; debe tener el pelo del color de la abuela, blanco y rígido. Nada se resiste al paso del tiempo; por mucho que luchemos contra la verdad ella siempre tiene la última palabra.

miércoles, 3 de mayo de 2017


El Condor
Un catamarqueño, que andaba por la cordillera, encontró entre las rocas de las cumbres un extraño huevo. Era demasiado grande para ser de gallina y demasiado chico para ser de avestruz.
No sabiendo lo que era, decidió llevárselo. Cuando llegó a su casa, se lo entregó a la patrona, que justamente tenía una pava empollando una nidada de huevos recién colocados. Viendo que más o menos eran del tamaño de los otros, fue y lo colocó también a este debajo de la pava clueca.
Dio casualidad que para cuando empezaron a romper los cascarones los pavitos, también lo hizo el pichón que se empollaba en el huevo traído de las cumbres. Y aunque resultó un animalito no del todo igual, no desentonaba demasiado del resto de la nidada, Y sin embargo se trataba de un pichón de cóndor.
Como no tenía de donde aprender otra cosa, el bichito imitó lo que veía hacer. Piaba como los otros pavitos, seguía a la pava en busca de gusanitos, semillitas y desperdicios, escarbando la tierra. Vivía  en el gallinero, de noche se subía a las ramas del algarrobo por miedo de las comadrejas y otra alimañas. Vivía totalmente en la pavada, haciendo lo que veía hacer a los demás.
A veces se sentía un poco extraño. Sobre todo cuando estaba a solas. Pero no era frecuente que lo dejaran solo. El pavo no aguantaba la soledad, ni soporta que otros se dediquen a ella. Es bicho de andar siempre en bandada sacando pecho para impresionar, abriendo la cola y arrastrando el ala. Cosa muy típica de estos paja rones, que a pesar de ser grandes, no vuelan.
Un mediodía de cielo claro y nubes blancas allá en las alturas, nuestro animalito quedó sorprendido al ver unas extrañas aves que planeaban majestuosas, casi sin mover las alas. Sintió como un sacudón en lo profundo de  su ser. Algo así como un llamado viejo que quería despertarlo en lo íntimo de sus fibras. Sus ojos acostumbrados a mirar siempre al suelo en busca de comida, no lograban distinguir lo que sucedía en las alturas. Pero su corazón despertó a una nostalgia poderosa. ¿Y él, por qué no volaba así? El corazón le latió, apresurado y ansioso.
Pero en ese momento se le acercó una pava preguntándole lo que estaba haciendo. Se rió de él cuando sintió su confidencia. Le dijo que era un romántico, y que se dejara de tonterías. Ellos estaban en otra cosa. Tenía que ser realista y acompañarla a un lugar donde había encontrado mucho frutita madura y todo tipo de gusanos.
Desorientado el pobre animalito se dejó sacar de su embrujo y siguió a su compañera que lo devolvió a la pavada. Retomó su vida normal, siempre atormentado por una profunda insatisfacción interior que lo hacía sentir extraño.
Nunca descubrió su verdadera identidad de cóndor. Y llegado a viejo, un día murió. Sí, lamentablemente murió en la pavada como había vivido.

¡Y pensar que había nacido para las cumbres!

viernes, 17 de marzo de 2017

Los dos amigos y el oso

                   
                   
Cierto día, dos amigos se encontraron dando un apacible paseo por el bosque. Como hace tiempo que no se veían, comenzaron a contarse todo aquello que les había sucedido en este prolongado período. Tan absortos estaban en su conversación, que no se dieron cuenta de que un enorme oso se acercaba a la carrera hasta su posición.
Cuando el oso estaba a un par de metros de los parlanchines amigos, estos por fin se dieron cuenta de su presencia. El más resuelto de los dos, decidió subirse a un árbol para evitar ser devorado; el otro, mucho menos ágil se lanzó al suelo fingiendo estar muerto.
En un instante, el oso llegó hasta el lugar en el que el segundo amigo se encontraba y al ver que este no se movía, comenzó a olisquearlo y tocarlo con una de sus garras para comprobar si estaba realmente muerto. Minutos después, el animal se alejó del lugar buscando algo que echarse a la boca, ya que los osos nunca comen a otros que estén muertos.
Al verle alejarse entre los árboles del bosque, el primer amigo se bajó raudo y veloz para comprobar si al que se había quedado abajo le había sucedido algo y preguntarle qué es lo que el oso le había contado. El otro muy ufano le dijo:
-Me ha dicho, que con amigos como tú, no necesito tener enemigos.


Moraleja: El amigo verdadero, nunca se apartará de ti, por muy grande que sea el peligro.

martes, 14 de marzo de 2017

                              LA MEJOR HERRAMIENTA DEL DIABLO


                   Cierta vez, se corrió la voz de que el diablo se retiraba de los negocios y que vendía sus herramientas al mejor postor. En la noche de la venta estaban todas las herramientas en forma de que llamaran la atención, y por cierto que eran un lote siniestro: odio, celos, envidia, malicia, sensualidad, engaños, además de todos los otros implementos del mal. Aparte del lote había un instrumento de forma inofensiva, muy gastado, cuyo precio era más alto que el de todos los otros.
Alguien preguntó al diablo como se llamaba el instrumento.
-"Desaliento" fue la respuesta.
-¿Por qué su precio es tan alto? le preguntaron.
-"Porque ese instrumento me es más útil que cualquier otro; -replicó el diablo- puedo entrar en la conciencia de un ser humano con este instrumento cuando los demás me fallan, y una vez dentro, por medio del desaliento, que produce la depresión, puedo hacer con esa persona lo que se me antoje. Está muy gastado porque lo uso con casi todo el mundo, y como muy pocas personas saben que me pertenece lo puedo usar continuamente para lograr mis propósitos". Pero el precio para el desaliento era tan alto que aún sigue siendo propiedad del diablo.
Para vencer el desaliento y la depresión es indispensable fortalecernos, interesarnos y disfrutar nuestro trabajo, nuestra familia, la necesidad de cambio, los grupos los compañeros.
Si hay un tropezón o una recaída no hay que entregarse. Después de cada recaída se comienza desde un punto más avanzado. Pero eso no se logra solo, sino con la ayuda de personas e ideas.

lunes, 13 de marzo de 2017

EL ÁRBOL DE LOS DESEOS




Una vez un hombre estaba viajando y entró al paraíso por error. En el concepto indio del paraíso, hay árboles que conceden los deseos.
Simplemente te sientas bajo uno de estos árboles, deseas cualquier cosa e inmediatamente se cumple no hay espacio alguno entre el deseo y su cumplimiento.
El hombre estaba cansado, así que se durmió bajo un árbol dador de deseos.
Cuando despertó, tenía hambre, entonces dijo: "¡Tengo tanta hambre! Ojalá pudiera tener algo de comida". E inmediatamente, simplemente de la nada , apareció la comida flotando en el aire, una comida deliciosa. Tenía tanta hambre que no prestó atención de dónde había venido la comida.
Cuando tienes hambre, no estás para filosofías.
Inmediatamente empezó a comer y la comida estaba tan deliciosa! Una vez que su hambre estuvo saciada, miró a su alrededor.
Ahora se sentía satisfecho. Otro pensamiento surgió en él: "Si tan solo pudiera tomar algo!" Y por ahora no hay ninguna prohibición en el paraíso, de modo que de inmediato apareció un vino estupendo.
Mientras bebía este vino tranquilamente y soplaba una suave y fresca brisa bajo la sombra del árbol, comenzó a preguntarse: "Qué está pasando? ¿Estoy soñando o hay fantasmas que están jugándome una broma?" Y aparecieron fantasmas feroces, horribles, nauseabundos. Comenzó a temblar y pensó: "Seguro que me matan!" Y lo mataron.

Todo ser humano tiene su árbol de los deseos. ¿Sabes a donde está? En su mente, es nuestro árbol de los deseos. Todo lo que pensamos, sentimos, visualizamos e imaginamos es materia para ser concretada.
Todo es energía, vibrando en distinta frecuencia, que determina la calidad del resultado. Somos hechos a imagen y semejanza.

¿Donde está tu atención?-La frecuencia mas baja es el MIEDO: Egoísmo, envidia, juzgamiento, dudas, trabas, resentimiento , criticas, inseguridad, avaricia, rechazos y miedo a la competencia.
-La frecuencia mas alta es el AMOR: energía, confianza, armonía, salud, alegría, decisión y poder.

Las formas de pensamientos resultan en otros actos recreativos, las enfermedades son resultados de actos creativos. No somos creativamente inocentes, como pensamos. Somos responsables, no existen las enfermedades existen los enfermos.

martes, 21 de febrero de 2017

Tostadas Quemadas


Cuando era niño, ocasionalmente mi madre como cena nos daba café con leche con muchos agregados. Recuerdo especialmente una noche, cuando ella nos sirvió café con leche, después de un día de trabajo muy duro. Esa noche, mi madre le puso un plato con huevos revueltos, fiambre y tostadas bastantes quemadas frente a mi padre. Recuerdo haber esperado un poco, para ver si papá notaba ese hecho. 

Todo lo que mi padre hizo, fue tomar su tostada, sonreír a mi madre y preguntarme como había sido mi día en la escuela. 

No recuerdo lo que le respondí, pero recuerdo haberlo mirando, untando la torrada con manteca y jalea y comiendo cada bocado. Cuando me levanté de la mesa, aquella noche, escuché a mamá disculpándose por haber quemado las tostadas. Nunca me olvidé de la respuesta de papá "me encantó la tostada quemada". Mas tarde, aquella noche, cuando le fui a dar un beso de buenas noches a papá, le pregunté si realmente le había gustado aquella tostada. El me tomó en sus brazos y me dijo: Compañero, tu madre tuvo un día de trabajo muy pesado y estaba realmente cansada... 

Además de eso, una tostada quemada no le hace mal a nadie. 

La vida está llena de imperfección y las personas no son perfectas. Tampoco soy el mejor marido, el mejor empleado o cocinero, tal vez ni siquiera el mejor padre, aunque intente serlo todos los días. He aprendido a través de los años, que saber aceptar las fallas ajenas, intentando minimizar las diferencias entre unos y otros, es una de las llaves más importantes para crear relaciones saludables y duraderas. 

Desde que tu madre y yo nos unimos, aprendimos los dos a suplir uno las fallas del otro. Yo sé cocinar muy poco, pero aprendí a dejar la olla de aluminio reluciente. Ella no sabe usar la perforadora, pero después de mis arreglos, ella hace que todo quede limpio y perfumado. Yo no sé hacer una lasagna como ella lo hace, pero ella no sabe asar una carne como yo lo hago. Yo nunca supe hacerte dormir, pero conmigo tu tomas un baño rápido y sin reclamar La suma de nosotros crea el mundo que te recibió y te apoya, ella y yo nos complementamos. Nuestra familia debe aprovechar este nuestro universo mientras estemos los dos presentes. No es verdad que mas tarde, el día que uno de los dos parta, este mundo se va a desmoronar, de ninguna manera. Nuevamente tendremos que aprender a adaptarnos para hacer lo mejor. 

De hecho, podríamos extender esta lección para cualquier tipo de relaciones, entre marido y mujer, entre padre e hijos, entre hermanos, entre colegas, con amigos y también en el ambiente profesional. Entonces hijo, esfuérzate para ser siempre tolerante, principalmente con quien dedica su precioso tiempo de vida a ti y al prójimo Las personas se olvidarán de lo que le hagas, o de lo que le digas. Pero nunca se olvidarán el modo en el cual las hiciste sentir. 

Autor desconocido