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martes, 17 de abril de 2018

El árbol de manzanas






Hace mucho tiempo existía un enorme árbol de manzanas. Un pequeño niño lo amaba mucho y todos los días jugaba alrededor de él. Trepaba al árbol hasta el tope y el le daba sombra. El amaba al árbol y el árbol amaba al niño.
 

Pasó el tiempo y el pequeño niño creció y el nunca más volvió a jugar alrededor del enorme árbol.
 

Un día el muchacho regresó al árbol y escuchó que el árbol le dijo triste:
 
"¿Vienes a jugar conmigo?" pero el muchacho contestó "Ya no soy el niño de antes que jugaba alrededor de enormes árboles. Lo que ahora quiero son juguetes y necesito dinero para comprarlos".
 
"Lo siento, dijo el árbol, pero no tengo dinero... Te sugiero que tomes todas mis manzanas y las vendas. De esta manera tú obtendrás el dinero para tus juguetes".
 
El muchacho se sintió muy feliz.
 
Tomó todas las manzanas y obtuvo el dinero y el árbol volvió a ser feliz.
 

Pero el muchacho nunca volvió después de obtener el dinero y el árbol volvió a estar triste.
 

Tiempo después, el muchacho regresó y el árbol se puso feliz y le preguntó:
 
"¿Vienes a jugar conmigo?" "No tengo tiempo para jugar. Debo de trabajar para mi familia. Necesito una casa para compartir con mi esposa e hijos.
 
¿Puedes ayudarme?"... " Lo siento, pero no tengo una casa, pero...tú puedes cortar mis ramas y construir tu casa".
 
El joven cortó todas las ramas del árbol y esto hizo feliz nuevamente al árbol, pero el joven nunca más volvió desde esa vez y el árbol volvió a estar triste y solitario.
 

Cierto día de un cálido verano, el hombre regresó y el árbol estaba encantado. "Vienes a jugar conmigo? le preguntó el árbol. El hombre contestó "Estoy triste y volviéndome viejo. Quiero un bote para navegar y descansar. ¿Puedes darme uno?". El árbol contestó: "Usa mi tronco para que puedas construir uno y así puedas navegar y ser feliz". El hombre cortó el tronco y construyó su bote. Luego se fue a navegar por un largo tiempo.
 

Finalmente regresó después de muchos años y el árbol le dijo: "Lo siento mucho, pero ya no tenga nada que darte ni siquiera manzanas". El hombre replicó "No tengo dientes para morder, ni fuerza para escalar...Por ahora ya estoy viejo".
 
Entonces el árbol con lágrimas en sus ojos le dijo, "Realmente no puedo darte nada.... la única cosa que me queda son mis raíces muertas". Y el hombre contestó: "Yo no necesito mucho ahora, solo un lugar para descansar.
 
Estoy tan cansado después de tantos años". "Bueno,las viejas raíces de un árbol, son el mejor lugar para recostarse y descansar. Ven siéntate conmigo y descansa".
 

El hombre se sentó junto al árbol y este feliz y contento sonrió con lágrimas.
 


Esta puede ser la historia de cada uno de nosotros. El árbol son nuestros padres. Cuando somos niños, los amamos y jugamos con papá y mamá...
 

Cuando crecemos los dejamos .....sólo regresamos a ellos cuando los necesitamos o estamos en problemas... No importa lo que sea, ellos siempre están allí para darnos todo lo que puedan y hacernos felices. Tú puedes pensar que el muchacho es cruel contra el árbol, pero es así como nosotros tratamos a nuestros padres...
 

Valoremos a nuestros padres mientras los tengamos a nuestro lado y si ya no están, que la llama de su amor viva por siempre en tu corazón y su recuerdo te dé fuerza cuando estás cansado...
 

martes, 20 de febrero de 2018

Tostadas quemadas

Cuando era niño, ocasionalmente mi madre como cena nos daba café con leche con muchos agregados.
Recuerdo especialmente una noche, cuando ella nos sirvió café con leche, después de un día de trabajo muy duro.
Esa noche, mi madre le puso un plato con huevos revueltos, fiambre y tostadas bastantes quemadas frente a mi padre.
Recuerdo haber esperado un poco, para ver si papá notaba ese hecho.
Todo lo que mi padre hizo, fue tomar su tostada, sonreír a mi madre y preguntarme como había sido mi día en la escuela.
No recuerdo lo que le respondí, pero recuerdo haberlo mirando, untando la torrada con manteca y jalea y comiendo cada bocado.
Cuando me levanté de la mesa, aquella noche, escuché a mamá disculpándose por haber quemado las tostadas.
Nunca me olvidé de la respuesta de papá "me encantó la tostada quemada".
Mas tarde, aquella noche, cuando le fui a dar un beso de buenas noches a papá, le pregunté si realmente le había gustado aquella tostada.
El me tomó en sus brazos y me dijo:
Compañero, tu madre tuvo un día de trabajo muy pesado y estaba realmente cansada... Además de eso, una tostada quemada no le hace mal a nadie.
La vida está llena de imperfección y las personas no son perfectas. Tampoco soy el mejor marido, el mejor empleado o cocinero, tal vez ni siquiera el mejor padre, aunque intente serlo todos los días.
He aprendido a través de los años, que saber aceptar las fallas ajenas, intentando minimizar las diferencias entre unos y otros, es una de las llaves más importantes para crear relacionamientos saludables y duraderos. Desde que tu madre y yo nos unimos, aprendimos los dos a suplir uno las fallas del otro.
Yo sé cocinar muy poco, pero aprendí a dejar la olla de aluminio reluciente. Ella no sabe usar la perforadora, pero después de mis arreglos, ella hace que todo quede limpio y perfumado. Yo no sé hacer una lasaña como ella lo hace, pero ella no sabe asar una carne como yo lo hago. Yo nunca supe hacerte dormir, pero conmigo tu tomas un baño rápido y sin reclamar
La suma de nosotros crea el mundo que te recibió y te apoya, ella y yo nos complementamos. Nuestra familia debe aprovechar este nuestro universo mientras estemos los dos presentes. No es verdad que mas tarde, el día que uno de los dos parta, este mundo se va a desmoronar, de ninguna manera. Nuevamente tendremos que aprender a adaptarnos para hacer lo mejor.
De hecho, podríamos extender esta lección para cualquier tipo de relacionamiento, entre marido y mujer, entre padre e hijos, entre hermanos, entre colegas, con amigos y también en el ambiente profesional. Entonces hijo, esfuérzate para ser siempre tolerante, principalmente con quien dedica su precioso tiempo de vida a ti y al prójimo
Las personas se olvidarán de lo que le hagas, o de lo que le digas.
Pero nunca se olvidarán el modo en el cual las hiciste sentir.


Autor desconocido

viernes, 16 de febrero de 2018

LAS CUATRO ESTACIONES


Había un hombre que tenía cuatro hijos.  El buscaba que ellos aprendieran a no juzgar las cosas tan rápidamente; entonces los envió a cada uno por turnos a visitar un árbol majestuoso. Un árbol de peras y que estaba a una gran distancia.

El primer hijo fue en el invierno, el segundo en primavera, el tercero en verano y el hijo más joven en el otoño.

Cuando todos ellos habían ido y regresado; él los llamó y juntos les pidió que describieran lo que habían visto.

El primer hijo mencionó que el árbol era horrible, doblado y retorcido.

El segundo dijo que no, que estaba cubierto con brotes verdes y lleno de promesas.

El tercer hijo no estuvo de acuerdo, el dijo que estaba cargado de flores, que tenia aroma muy dulce y se veía muy hermoso, era la cosa más llena de gracia que jamás había visto.

El último de los hijos no estuvo de acuerdo con ninguno de ellos, el dijo que estaba maduro y marchitándose de tanto fruto, lleno de vida y satisfacción.

Entonces el hombre les explicó a sus hijos que todos tenían la razón, porque ellos solo habían visto una de las estaciones de la vida del árbol.

El les dijo a todos que no deben de juzgar a un árbol, o a una persona, por solo ver una de sus temporadas, y que la esencia de lo que son, el placer, regocijo y amor que viene con la vida puede ser solo medida al final, cuando todas las estaciones han pasado.

Si tú te das por vencido en el invierno, habrás perdido la promesa de la primavera, la belleza del verano, y la satisfacción del otoño.

No dejes que el dolor de una estación destruya la dicha del resto.  No juzgues la vida por solo una estación difícil.  Aguanta con valor las dificultades y malas rachas porque luego disfrutarás de los buenos tiempos por que solo el que persevera encontrará un mañana mejor.

Un Abrazo,
"No importa la estación actual. Siempre y cuando estés listo para aprovechar tu tiempo y conseguir RESULTADOS en todas las estaciones."

jueves, 8 de febrero de 2018

EL NIÑO Y SU MADRE


Cuento popular
- Para que tu nuevo palacio te de felicidad, cuando lo construyas debes emparedar vivo a un niño. Las estrellas lo ordenan le dijeron los astrólogos al rey.
Pero antes de ser emparedado, el muchachito rogó:
- Permítame, Su Majestad, hacer tres preguntas sencillas a los astrólogos. Si no saben la respuestas, ¿Cómo estar seguros de que interpretaron bien el difícil lenguaje de las estrellas?
El rey dio su permiso y el niño preguntó:
- ¿Qué es lo más liviano, lo más dulce y lo más duro del mundo?
Tres días tardaron los astrólogos en hallar la respuesta:
- Lo más liviano es una pluma, lo más dulce es la miel, lo más duro es una piedra contestó uno de ellos, en nombre de todos.
- Eso lo puede responder cualquier tonto dijo el niño-. De los sabios, esperaba respuestas más profundas. Lo más liviano del mundo es un niño en brazos de su madre. Lo más dulce del mundo es leche de la madre para el bebé. Y lo más duro que existe sobre la Tierra es, saber que su hijo será emparedado.

El rey comprendió. El niño fue devuelto a su madre y los astrólogos tuvieron que abandonar la corte.

martes, 6 de febrero de 2018

El Principio Narciso

No hay mejor tiempo que ahora para ser feliz
Mi hija me había telefoneado varias veces, para decirme: "Mamá, tienes que venir a ver los narcisos antes de que se acaben." Yo deseaba ir, pero era un camino de dos horas desde Laguna hasta Lake Arrowhead. "Iré este martes", le prometí con cierta renuencia, cuando llamó por tercera vez.
El martes amaneció frío y lluvioso. Sin embargo, había yo prometido, y manejé hasta allá a regañadientes. Cuando finalmente entré a la casa de Carolina, los gozosos sonidos de niños felices me dieron la bienvenida. Encantada, abracé y saludé a mis nietos.
"¡Olvida los narcisos, Carolina! ¡El camino está invisible con estas nubes y esta niebla, y no hay nada en este mundo, excepto tú y estos pequeños, que yo desee ver tanto como para manejar una pulgada más!"
Mi hija sonrió calmadamente y dijo: "Nosotros manejamos en estas condiciones todo el tiempo, Mamá." "Bueno", le aseguré, "no me harás volver al camino sino hasta que aclare, y entonces ¡será para encaminarme a mi casa!"
"Pero, primero, vamos a ver los narcisos. Son sólo unas pocas cuadras," dijo Carolina. "Yo manejaré, estoy acostumbrada a esto."
"Carolina", dije firmemente, "por favor."
"No te preocupes, Mamá, todo está bien, te lo aseguro. Nunca te perdonarías haberte perdido esta experiencia."
Después de unos veinte minutos, doblamos a un angosto camino de grava y vimos un pequeño templo. Al otro lado del templo, vi un letrero hecho a mano, con una flecha, que decía: "Jardín de Narcisos." Salimos del carro, cada una tomó a un pequeño de la mano, y yo seguí a Carolina por el sendero. Entonces, al doblar una curva, miré y quedé boquiabierta. Delante de mí estaba la vista más gloriosa.

Parecía como si alguien hubiera tomado una enorme tina de oro y la hubiera derramado sobre la cumbre del monte y sus laderas. Las flores estaban plantadas en majestuosos diseños arremolinados, grandes fajas y tiras de un anaranjado intenso, blanco cremoso, amarillo cetrino, salmón rosa, azafranado y amarillo mantequilla. Cada variedad de diferente color estaba plantada en grandes grupos, de tal manera que se arremolinaban y ondulaban como un solo río, con su propio y único matiz. Había cinco acres de flores, unas dos hectáreas y media.
"¿Quién hizo esto?", le pregunté a Carolina.
"Una mujer nada más", me respondió Carolina. "Ella vive en este terreno. Ésa es su casa." Carolina señaló una casa bien cuidada con una estructura en A, pequeña y modestamente asentada en medio de toda esa gloria. Caminamos hasta la casa.
En el patio, vimos un letrero. "Respuestas a las Preguntas que Yo Sé que Estás Haciendo", decía el encabezado. La primera respuesta era una sencilla: "50, 000 bulbos." La segunda respuesta era: "Uno a la vez, por una mujer. Dos manos, dos pies y un cerebro." La tercera respuesta era: "Comenzó en 1958."
Para mí, ese momento fue una experiencia-que-cambia-la-vida. Pensé en esta mujer a quien nunca había conocido, quien, hacía más de cuarenta años había empezado a traer, un bulbo cada vez, su visión de belleza y gozo a una obscura cima de un monte. Plantando un bulbo cada vez, año tras año, esta mujer desconocida había cambiado para siempre el mundo en que vivía. Un día cada vez, ella había creado algo de extraordinaria magnificencia, belleza e inspiración. El principio que su Jardín de Narcisos enseñó es uno de los grandes principios para celebrar.
Esto es, aprender a movernos hacia nuestras metas y deseos un paso cada vez -a menudo tan sólo un pasó de bebé cada vez- y aprender a amar el hacer, aprender a usar la acumulación de tiempo. Cuando multiplicamos minúsculos espacios de tiempo con pequeños incrementos de esfuerzo diario, encontraremos que podemos realizar cosas magníficas. Podemos cambiar el mundo.
"Me pone triste, en cierto modo", admití a Carolina. "¿Qué hubiese yo logrado si yo hubiese pensado en una meta maravillosa hace unos treinta y cinco o cuarenta años, y hubiese yo trabajado esa meta 'un bulbo cada vez' a través de todos esos años? ¡Nada más piensa en lo que yo hubiera realizado!"
Mi hija resumió el mensaje del día en su manera directa usual: "Empieza mañana", dijo.
Ella estaba en lo cierto. Es tan sin sentido pensar en las horas perdidas del ayer. La manera de hacer el aprendizaje una lección de fiesta en vez de una causa de pesar es preguntar nada más: "¿Cómo puedo usar esto hoy?"
Usa el Principio Narciso. No esperes.
Hasta que tu auto o tu casa estén pagados.
Hasta que consigas un nuevo auto o casa.
Hasta que termines la escuela.
Hasta que regreses a la escuela.
Hasta que limpies tu casa.
Hasta que organices tu cochera.
Hasta que limpies tu escritorio.
Hasta que bajes cinco kilos.
Hasta que subas cinco kilos.
Hasta que te cases.
Hasta que te divorcies.
Hasta que tengas niños.
Hasta que los niños vayan a la escuela.
Hasta que tus hijos se vayan de la casa.
Hasta que te retires.
Hasta la primavera.
Hasta el verano.
Hasta el otoño.
Hasta el invierno.
Hasta que mueras.
No hay mejor tiempo que ahora para ser feliz.
La felicidad es un viaje, no un destino.
Así, trabaja como si no necesitaras dinero.
Ama como si nunca hubieras sido lastimado.
Danza como si nadie te estuviera mirando.
Te deseo un día precioso, un día narciso.
No tengas miedo de que tu vida termine, ten miedo de que no comience.
 Autor Anónimo 

viernes, 2 de febrero de 2018

Eco (serenidad)

Cuentan que una vez un niño fue llevado por su padre al Gran Cañón, en Arizona.  Estando dentro en lo profundo del lugar el niño gritó: “Tonto!”, y el eco resonó: “tonto… tonto… tonto”.
El niño volvió a gritar: “Necio!”, y el eco resonó: “necio… necio… necio…”; ya enojado y exaltado el niño gritó: “Estúpido!”, y nuevamente el eco resonó: “estúpido… estúpido… estúpido”.
El niño se soltó a llorar en su enojo y se abrazó a su padre.  Éste le dijo: “No tienes por qué llorar.  Escucha…”, y el padre grito: “Amigo!”, y el eco resonó: “amigo… amigo… amigo”.  Luego gritó: “Te quiero!”, y el eco resonó: “te quiero… te quiero… te quiero”.  ¿Ves?  Él te trata como tú lo tratas.


jueves, 23 de agosto de 2012

El Tazón de Madera del Abuelo


Mientras los primeros momentos de sol abrazan nuestra ciudad, nos permitimos una cálida caricia que nos transporta al hogar, a nuestros padres, a esas personas que estuvieron desde el inicio de nuestro inicio...Aprendamos a valorar lo que tenemos, a disfrutarlos y a permitirles también a ellos que nos disfruten y nos valoren. Nada más acorde a la calidez de nuestro clima... Buen jueves, queridos amigos!


El viejo se fue a vivir con su hijo, su nuera y su nieto de cuatro años.
Ya las manos le temblaban, su vista se nublaba y sus pasos flaqueaban. La familia completa comía junta en la mesa, pero las manos temblorosas y  la  vista enferma del anciano hacían el
alimentarse asunto difícil. Los guisantes caían de su cuchara al suelo de y cuando intentaba tomar el vaso, derramaba la leche sobre el mantel.

El hijo y su esposa se cansaron de la situación.
"Tenemos que hacer algo con el abuelo", dijo el hijo. "Ya he tenido suficiente. Derrama  la leche, hace ruido al comer y tira la comida al suelo". Así fue como el matrimonio decidió poner una pequeña mesa en una esquina del comedor.  Ahí, el abuelo comía solo mientras el resto de la familia disfrutaba la hora de comer. Como el abuelo había roto uno o dos platos, su comida se la servían en un tazón de madera.  De vez en cuand miraban hacia donde estaba el abuelo y podían ver una lágrima en sus ojos mientras estaba ahí sentado sólo. Sin embargo, las únicas palabras que la pareja le dirigía, eran fríos llamados de atención cada vez que dejaba caer el tenedor o la comida.

El niño de cuatro años observaba todo en silencio. Una tarde  antes de la cena, el papá observó que su hijo estaba jugando con trozos de madera en el suelo. Le preguntó dulcemente: "¿Qué estás haciendo?" Con la misma dulzura el niño le contestó: "Ah, estoy haciendo un tazón para  ti y otro para mamá para que cuando yo crezca, ustedes coman en ellos."  Sonrió y siguió con su tarea.

Las palabras del pequeño golpearon a sus padres de tal forma que quedaron sin habla. Las lágrimas rodaban por sus mejillas. Y, aunque ninguna palabra se dijo al respecto, ambos sabían lo que tenían que hacer.

Esa tarde el esposo tomó gentilmente la mano del abuelo y  lo  guió de vuelta a la mesa de la familia. Por el resto de sus días ocupó  un lugar en la mesa con ellos. Y por alguna razón, ni el
esposo ni la esposa, parecían molestarse más cada vez que el tenedor se caía, la leche se derramaba o se ensuciaba el mantel.

Los niños son altamente perceptivos. Sus ojos observan, sus  oídos siempre escuchan y sus mentes procesan los mensajes que absorben. Si ven que con paciencia proveemos un hogar feliz para todos los miembros de la  familia, ellos imitarán esa actitud por el resto de sus vidas.

Los padres y madres inteligentes se percatan que cada día colocan los bloques con los que construyen el futuro de su hijo. Seamos constructores sabios y modelos a seguir.

He aprendido que independientemente de la relación que tengas  con tus padres, los vas a extrañar cuando ya no estén contigo.

He aprendido que aún cuando me duela, no debo estar solo.

He aprendido que aún tengo mucho que aprender

"La gente olvidará lo que dijiste y lo que hiciste, pero nunca  cómo los hiciste sentir."

lunes, 4 de junio de 2012

El Granjero y el Hacha


Date tiempo para superarte día a día y poco a poco, verás los resultados... "Cada vez tendrás más práctica y más fuerza, y serás más grande y más sabio. Y llegará el momento en el que el tronco que te tomaba horas y horas hace un tiempo, hoy lo liquidarás en dos poderosos hachazos. Te atreverás con troncos mayores y serás capaz de cortar muchos árboles en una sola jornada". ~ 

Cuenta la leyenda ...


...que el granjero llamó un día a su hijo y le dijo:

-       - Hijo, has cumplido 12 años y tienes que hacerte cargo de tus responsabilidades... aquí te hago entrega de tus herramientas. Lo primero que te daré será este hacha.

El pequeño, orgulloso de ser considerado ya mayor, se emocionó y tomó el
hacha con las manos temblorosas.

-        Gracias Padre !!, me siento muy feliz.

El padre, le señaló un grueso tronco acomodado sobre unas trabas y le dijo:
-      Ahora, úsala y corta ese tronco !!
 - Jamás sabría como cortar ese tronco !!, es demasiado grande para mi !! - exclamó con pena y vergüenza el joven

El padre, le paso el brazo sobre el hombro y le dijo:
-     - Nunca sabrás si no lo intentas. Hazlo !!

El joven SABÍA que era un tronco demasiado grueso para sus fuerzas, pese a eso y para no decepcionar a su padre, levantó con esfuerzo la pesada hacha y descargó el más fuerte golpe del que era capaz. Como era de esperarse el hacha quedó clavada en el tronco y el pobre muchacho hacia esfuerzos desesperados por liberarla sin poder lograrlo.
Con una sonrisa, el padre le paso una mano por su cabeza y le dijo:
-       - Hijo, lo primero que tienes que aprender es que la verdadera fuerza no está en tus brazos. Está en tu cabeza. Con inteligencia y esfuerzo conseguirás lo que te propongas. El consejo que voy a darte ahora es que NO tienes que fijarte objetivos desmesurados y fuera de tus capacidades para lograrlos de inmediato. Todo será más sencillo si regulas tus fuerzas a tu nivel y usas la inteligencia.

Acto seguido tomó el hacha y, dándole una pequeña inclinación dio un golpe en un sentido y otro más en el sentido contrario produciendo una pequeña muesca en el tronco. Las astillas saltaron en todas direcciones. Luego, pasó el hacha al muchacho y lo invitó a que continuase.

El joven, dando golpes en un sentido y en otro empezó a profundizar el corte, al cabo de una dura y esforzada hora el grueso tronco con un fuerte ruido de quiebre final, cayó al suelo partido al medio.

Feliz y adolorido el muchacho se dirigió hasta donde estaba su padre en las labores y le dijo:
-       - Entendí !!, cuando una tarea sea demasiado grande para terminarla de un solo golpe debo encararla dividiendo la misma en objetivos mas pequeños !! Si soy persistente y no cedo terminaré siempre por lograrlo.

El padre con una sonrisa afectuosa y feliz ante la nueva sabiduría de su pequeño hijo, sacó un pan de su morral y juntos se detuvieron a ver el atardecer mientras disfrutaban de su bien ganado descanso.